Va por tí, Joaquinito


Domingo, 06/03/2005, temprano.

Karem nos prepara un café en su casa. Como siempre, manteniendo una entereza propia de una mujer fuerte, nos cuenta lo mal que lo estaba pasando Joaquín, con el que estuvo toda la noche del Sábado al Domingo en el ambulatorio de Santa Brígida. En ese momento Joaquinillo dormía fruto de tanta sedación y de tanto cansancio que permitió a aquella mujer desahogarse y hablar tranquilamente. Tras escucharla decidimos, junto con Karem, que estaría mejor en el Hospital Insular para que le controlaran de forma más directa tantas molestias.

Nos acercamos a su cama y tenía los ojos abiertos, con las gafas puestas. Él sabía que eran los últimos momentos y no quería perderse detalle. Nos reconoció y esbozó una sonrisa cariñosa. Le comentamos que lo ideal sería ingresarlo y, tras dudar algunos minutos, se vistió con la ayuda de Karem y prepararon una pequeña maleta con lo más básico.

En las afueras de su casa, antes de entrar en el coche, dijo: ¡Hasta el año que viene!, mirando hacia su casa.

El paisaje era precioso y él, siempre dándonos una lección de pundonor y de optimismo, comentó con mucho esfuerzo, y con un lenguaje confuso: Cuando me recupere organizamos una paellita en el campo, al lado de un presa.

En la puerta de Urgencias del Hospital Insular, se bajó del coche con gran dificultad, sin poder sacar la pierna derecha, la cual tenía insensible desde hacía casi 1 mes y ayudado por su bastoncito. Jadeante comentó: creo que aquí voy a estar más tranquilo.

Se quedó ingresado en una habitación, junto con Karem con la que había celebrado hacía unos meses los 25 años de casados, no sabemos si fue fruto de la casualidad o quizás sabiendo lo que le pasaba quiso homenajear a esa mujer que estuvo siempre a su lado, para lo bueno y para lo malo.

El Domingo transcurría con normalidad, claro está que para nosotros, porque allí dentro terminaban las últimas horas de Joaquín, justo en la noche del domingo 6/3/2005 al 7/3/2005.

No queremos terminar estas palabras diciendo lo que Joaquín nos enseñó de la vida, de la oftalmología, de la amistad, de la ilusión, del cariño, del compañerismo, de la familia, de… tantas cosas, pero una cosa está clara: tuvo que ser ese cáncer pulmonar el que acabó con una de las personas con mayor alegría de vivir y de ser él mismo. Ese era su secreto: ser el MISMO.

Joaquinito, siempre estarás con nosotros y siempre serás nuestro Presi.

Va por ti Joaquinito. ¡Que descanses en Paz!

Para Joaquín López Villar.
TUS AMIGOS