Dra. Concepción López Cotín

PEÑATE SANTANA H


Las Palmas de Gran Canaria a 10 de abril de 2019

Querida Dra. Concepción López Cotín:

Hoy es un papel en blanco.
Y yo lápiz en mano no sé por dónde empezar a escribirte…

El quirófano estaba listo esa mañana en el Hospital Materno Infantil. Como cada semana, mojaste tus manos y ante brazos blancos y pecosos bajo el grifo del lavadero de quirófano y con la esponja quirúrgica empapada en betadine jabonoso, procediste al pertinente lavado quirúrgico. Mientras tanto hablabas del paciente que íbamos a intervenir. En mi caso era de los primeros de mi residencia, en tu caso era el número tropecientos mil, pero la dedicación y el empeño que pusiste en su cirugía seguirían intactos como el primer día. Cantabas mientras esperábamos la Utrata de turno porque la de la caja 3 de cataratas tenía la suya torcida y con los picos limados. Cantabas para calmar los nervios pero también para calmar los míos. Te separaste de los visores y me miraste abriendo mucho los ojos y bajando los brazos con las palmas abiertas en señal de tranquilidad. Inspiré profundo y continué la capsulorexis que peligrosamente amenazaba con marcharse bajo la incisión principal. Terminamos la cirugía con éxito no sin antes cambiarnos de posición ante la tremenda cazoleta que yo había tallado. –El truco está en poner el trozo grande opuesto a la punta del faco, absórbelo y tráelo al centro, pa mi gusto– dijiste. Porque en el argot de Conchi (o mejor dicho, el de la Dra. Concepción López Cotín) las maniobras se realizaban así o asao pero a su gusto, con un «chiquilla» al más puro estilo andaluz y con un «vámo a vé» si había algo serio que explicar.

Durante años trabajaste entre cataratas, glaucoma y retinopatía diabética pero sobre todo con patologías corneales dejando tu legado en muchas queratoplastias que aún hoy caminan a bordo de tus pacientes abriéndoles una nueva ventana ante la vida. Una ventana que tú cosiste con tu talento, experiencia y paciencia. Pero llegado un momento de tu vida profesional decidiste que darías un giro a tu actividad comenzando una nueva etapa como retinóloga, y desde cero y a ritmo vertiginoso, aprendiste las artes de la reparación del desprendimiento de retina, el pelado de la membrana epimacular con o sin limitante interna y la cirugía creativa de las retinopatías diabéticas proliferativas entre otras patologías. Esa fue la segunda vez que coincidimos profesionalmente. Yo como adjunta uno (o R5) y durante casi 8 años compartimos vivencias en el quirófano 34. Nunca dejaste de lado la paciencia ni la profesionalidad. Me enseñaste a mantener el pulso y el ánimo ante cirugías difíciles y muy largas, y puedo decir que el ambiente de nuestro quirófano era un microclima de bienestar ajeno a las tormentas que pudieran amenazar fuera. Te recuerdo riéndote de los pliegues horizontales que se formaban en la córnea ante mis puntos de anclaje del anillo de poder (de poder operar claro) dónde luego apoyarías la lente de Avi.Te recuerdo preguntándome porqué el primer punto de nylon 5.0 del cerclaje los anudaba siempre en la parte opuesta a dónde al final tenían que ir. Y te recuerdo tanto que cada cerclaje, cada comienzo de cirugía y cada canción que me viene en la cabeza en los momentos complicados me recuerda mucho a tí y siento que revoloteas en nuestro quirófano enviándonos el temple que nos falta para poder resolver bien los ojitos y mandarlos ocluidos pero remendaditos para casa.

Para todos ha sido complicado no tenerte cerca. Porque eras empática pero sin pelos en la lengua y cuando había que decir las cosas claras las decías y sabías poner a cada persona en su sitio por el bien del servicio. Fuiste el ejemplo de una mujer que supo compaginar su vida profesional con la vida familiar y nos hiciste partícipes de la pasión que sentías por tu profesión y del amor con que junto a tu marido construiste tu preciosa familia. Vivimos contigo la ilusión de los preparativos para la boda de tu hija Rocío y la llegada de tu primer nieto. Te oímos hablar con pasión de tu hijo Fernando en Madrid y de la labor que Laura desempeñaba en Perú, y como tú misma fuiste a compartir parte de esa experiencia con ella. Y tu marido Paco era nombrado por tí en cada conversación no oftalmológica entre paciente y paciente haciéndonos partícipe de la complicidad que con él tenías.

Hemos aprendido mucho de tí Conchi. Todo el Servicio de Oftalmología del Hospital Dr. Negrín te lleva en el alma porque sembraste una semilla en nosotros y esa planta ahora sigue alimentándose de tus conocimientos, tus palabras y tu alegría de vivir. Cada vez que miramos al pasillo y vemos la sombra de una mujer que camina contoneando sus caderas y colocando detrás de la oreja su media melenita pensamos: –ahí viene Conchi que en realidad nunca se ha ido–. Y la emoción nos embarga como el timbre peculiar de tu voz persiste sobrevolando en bucle por nuestros pasillos.

En memoria de la Dra. Concepción López Cotín que nos dejó el 10 de abril de 2018.